?The public offices belong to the State; they are not patrimony belonging to individuals. None who do not have probity, aptitudes and merits are worthy of those offices.? ------------ Sim?n Bolivar Palacio
 
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XI-Diversos Episodios:

“…En Cartagena había, durante el Sitio, una doble corriente de suposiciones y ficciones, cuando nó de mentiras. Los sitiadores las fraguaban gordísimas, en La-Popa, y enviándolas á Barranquilla, en forma epistolar y telegráfica, las hacían recoger en los "Anales de la Guerra," periódico fundado allí para servir á la causa de la Rebelión. Con grandes carcajadas se acompañaba en Cartagena la lectura de los "Anales," cuando por casualidad se recibía algún número extraviado, y la risa esa natural, dado que los sitiadores se jactaban, en su noticioso papel, de muchas imaginarias victorias obtenidas sobre los sitiados. Y éstos, al conocer las maniobras del enemigo, le consideraban débil y maltrecho, una vez que para su fortuna le era menester una permanente fábrica de embustes.

 

también jugaban á las bolas; que bolas se llaman las mentiras gordas dadas á la pública circulación.

 

Había, pues, que estar luchando en Cartagena no solamente contra las balas enemigas, sino también contra las bolas de toda procedencia; y preciso era ejercer el buen criterio con energía, á fin de desvanecer cuantos errores y aun absurdos pudieran perjudicar, ora porque engendrasen infundados temores, ora por que infundiesen excesiva confianza en las fuerzas propias ó en la debilidad del enemigo”.

 

“…el artículo 91 de nuestra deplorable Constitución, era facultativo para el Gobierno, nunca obligatorio, el tratar como beligerantes á los rebeldes y celebrar Tratados de paz con ellos”.

 

“…No llegámos en la Plaza hasta comer gatos, perros ni ratones; pero yá íbamos llegando á la necesidad de hacerlo; bien que poco hubiéramos adelantado con ello, porque los perros y los gatos andaban tan entecos, que el comerlos hubiera sido regalarse con huesos y pellejos; en tanto que los ratones huían de la Plaza como de un desierto un campo de indigentes”.

 

XII-Del 16 al 25 de Marzo:

“…La legalidad imperaba solamente en Cartagena y en algunos puntos muy lejanos del Estado, hacia el Sur, á donde no podía alcanzar la acción de los rebeldes. Mientras que en Cartagena se procedía para la defensa conforme á las reglas de la legalidad, los rebeldes nada respetaban. Se habían apoderado-contando con la falsa presidencia que ejercía el señor Manotas,- de cuantas rentas públicas podían tener á la mano, de toda propiedad nacional, de cuantos vapores y barcos habían encontrado en río y puertos, de cuantas propiedades particulares les era posible hacerse, pertenecientes á los que no eran amigos de la Rebelión; y todo lo confiscaban por los medios más violentos, no sin especular con la rapiña unos cuantos exactores, contratistas y administradores de lo usurpado ó expropiado”.

 

“…Añádase á todo esto el cruel tratamiento dado en todas partes, y principalmente en Barranquilla y Sabanilla (ó Puerto-Salgar),  á multitud de ciudadanos inofensivos, apresados y mantenidos en durísima prisión, únicamente porque no eran adictos á la Rebelión”.

 

XIII-A fines de Marzo:

“…Así, en tanto que se hacían diligencias para obtener fondos con qué ir á comprar un vapor en Kingston (de Jamaica), aprovechó el General en Jefe la ocasión de adquirir la barca holandesa "Beatrice Bernard," surta en la bahía. Entre algunos comerciantes suministraron los fondos para la compra; se gastó después una suma bien regular en aparejar convenientemente la barca; se le dió el nombre oficial de "Colombia," nacionalizándola, y se hizo lo posible para blindarla y artillarla”.

 

“…Como la "Colombia" tenía que andar con rapidez y conforme al viento, no contestó á los tiros con sus tres cañones, sino cuando se le envió el tercero. Disparó, y dió en el blanco, lastimando mucho al "Gaitán" é hiriéndole algunos hombres. Siguió rumbo hacia Boca-Chica, en tanto que el "Gaitán" huía maltrecho, y en breve apareció á la derecha el "Camacho Roldán," que estaba oculto detrás de la punta de Loro. Hizo fuego este vapor, y al contestarlo la "Colombia" con cañón y fusilería, estalló el barco enemigo con ruidosa explosión que lo inutilizó; sin que la "Colombia" pudiese maniobrar, impedida por el viento y los bajos de la costa, para apresar al "Camacho Roldán".

 

“…El cartagenero (llamado en la Costa piringo) esencialmente negociante ó adicto al comercio, y al propio tiempo, muy dado á la política, al periodismo y cultivo de las letras, celoso por extremo de las tradicionales glorias de la ciudad, aficionado al teatro, paseos vespertinos, los baños de mar, y otras diversiones, amén de la pesca y las salidas en carruaje. Todo faltaba, por causa del Sitio, y era preciso dar alguna soltura á la tensión de los espíritus”.

 

XIV-Primera quincena de Abril:

“Dos calamidades, entre otras, eran notables en Cartagena: de una parte, no se guardaba reserva en cosa alguna; y de otra, toda operación relativa á la bahía ó á la rada, se ejecutaba con suma lentitud. Muchos ciudadanos pretendían que se les tuviese al corriente de todo, corno si la dirección de las operaciones no debiera estar reservada á los Jefes. Y cuando alguien tenía noticia de lo que se intentaba hacer, ó lo sospechaba siquiera, pronto se lo comunicaba "en mucho secreto" á un amigo, y éste á otro y otros; á términos que en breve el asunto era del dominio público, y los enemigos interiores tenían noticia y la comunicaban á los sitiadores de algún modo”.

 

“…Terrible impresión causaron en la Plaza las noticias que llevaba de Jamaica el  "Express," recibidas por kalograma en Kingston. Según ellas, Pedro Prestán, al sentirse vencido y acorralado por las fuerzas del Gobierno, había incendiado, junto con los facinerosos que le acompañaban, la yá floreciente y populosa ciudad de Colón”.

“Subió de punto, con la noticia del incendio y de más Sucesos de Colón, la angustiosa preocupación del general Santo Domingo, y más fuerte fué su persuasión sobre el deber que tenía, decía él, "de volar á poner todo el remedio posible en el Istmo, y á mantener allí, á todo trance, el orden necesario para salvar de todo peligro la soberanía y dignidad nacionales, y dar garantías á inmensos y complicados intereses que se hallaban amenazados." Su propósito era irse con 250 hombres, que serían suficientes para atender á las primeras necesidades, y al propio tiempo llevarse algunos Jefes subalternos que á él le inspiraban confianza, pero que no la inspiraban á muchos en la Plaza”.

 

XV-La segunda quincena:

“Acontecimientos de mucha importancia ocurrieron del 16 al 30 de Abril. El drama se complicaba, y todos en la ciudad se preocupaban, comprendiendo que el General en Jefe tenía el plan (aventurado en concepto de unos, excelente en el sentir de otros) de ejecutar una salida de considerables resultados.

 

… Si el General tuvo tales propósitos, como lo creyeron muchos, fundándose en indicios, á nadie comunicó, que sepamos, su decreto; y es lo cierto que el general Palacio, quedando encargado accidentalmente del mando de la Plaza, como Jefe de Estado Mayor, no recibió instrucciones para su ulterior conducta, seguramente porque el General en Jefe se proponía dárselas después, ó porque no pensaba ausentarse por largo tiempo”.

 

“En la tarde tuvo una conferencia el general Santo Domingo con los Comandantes de los buques de guerra americanos "Powhatán" y "Swatara" (el segundo acababa de llegar á la bahía); y á eso de las 6 p. m. se embarcó en un bote, con sus Ayudantes, en la playa de Santo-Domingo, para irse á bordo de la "Colombia." Pero el bote iba tan cargado (con 14 cajas de cápsulas, dinero, maletas y comestibles que no resistió al empuje de la brisa y se volcó. Felizmente la Colombia" envió á tiempo su bote, y el General y sus compañeros se salvaron, bien mojados; sin que hubiese más desgracia que la de la pérdida de las municiones y de lo demás que contenía la embarcación.

 

Muchos tuvieron por de mal presagio aquel accidente, que obligó al General á volver á tierra, en la misma noche, con sus Ayudantes. Tornaron á embarcarse el 18, á eso de las 11 a. m., reponiéndose lo perdido en el naufragio, y á medio día soltó velas la "Colombia," con rumbo hacia el Sur. Era capitán de la barca el hábil marino cartagenero señor Eduardo Grisolles, y á bordo comandaba la artillería el coronel Martínez”.

 

“…Mientras que en Barú se combatía, llegaba (el 20), por el Norte, un bote con dirección á la ciudad, casi orillando la costa. Venían á bordo el Coronel don Daniel Olaciregui y otros pocos amigos del Gobierno, que habían logrado escaparse de Barranquilla, por Tubará y la caleta de Caimán. Olaciregui, hombre muy inteligente, valeroso, sagaz, de finas maneras y muy patriota, había caído prisionero en Barranquilla, con el general Urueta, y después, hallándose preso, logró fugarse, provisto de muy importantes noticias, del todo seguras”.

“La situación se complicaba y agravaba muy seriamente para la Plaza. Era yá imposible mantener la comunicación franca con Boca- Chica, y no había objeto en sostener la guarnición de San-Fernando una vez que los buques enemigos dominaban toda la costa exterior, y que la fuerza naval de los sitiados estaba reducida á los vapores "Núñez" y "Lebrija."

Así el general Palacio, á quien legalmente correspondía el mando de la Plaza, dió al puntó órdenes para que los dos vapores fuesen á retirar la guarnición de San-Fernando, y la trajesen á Castillo-Grande dejándose inutilizados los cañones de aquella fortaleza”.

 

“…Entre tanto, se montaba en San-Javier otro cañón de grueso calibre; se arreglaba al pié de la Tenaza una serie de cercos de alambres con púas para dificultar el acceso de los enemigos; se colocaban sobre algunos puntos de las murallas los cañones que habían estado á bordo del "Núñez" y el "Lebrija ;" se mandaba inutilizar el gran cañón de Castillo-Grande, y retirar la guarnición que defendía este fuerte,-por cuanto no era fácil defender toda la península de Boca-Grande, sin que sus guarniciones quedasen aisladas y expuestas á ser cortadas;-y, en fin, el general Palacio, procediendo con mucha inteligencia y actividad, adoptaba todas las medidas necesarias para concentrar y situar convenientemente todas las fuerzas.

Pero el suceso más notable del día fué el siguiente: en tanto que de una y otra parte se sostenían fuegos, en el Cerro izaron bandera blanca los rebeldes, y se contestó haciendo lo propio en la Plaza. En seguida fueron dos Ayudantes del general Palacio, en un bote, al punto conveniente del campo enemigo, y allí un Jefe de éste les entregó un pliego cerrado. Gran curiosidad había de saber lo que el enemigo proponía, por lo que muchos Jefes, empleados superiores y ciudadanos fueron á la Comandancia general á tomar informes. Hallábanse en expectativa, cuando llegó el pliego, dentro del cual había una nota cerrada para el Ilustrísimo señor Obispo Biffi, que le fué inmediatamente trasmitida.

En medio de un silencio verdaderamente dramático, el general Palacio leyó para sí la nota que le iba dirigida, y al concluír su lectura, dijo sencillamente:

‘Gaitán me exige que entregue la Plaza. Yo no tengo más respuesta que dar, sino que cumpliré con mi deber, sin capitular ni ceder un punto, hasta rendir la vida.-Doctor Samper, añadió, dirigiéndose al que esto escribe: tenga usted la bondad de redactar la contestación, junto con el doctor Goenaga, conforme á lo que acabo de expresar’.

 

El doctor Goenaga, el general Rodríguez, el coronel Manjarrés y el que esto escribe, se retiraron á una pieza contigua, leyerón la nota de Gaitán, y concertaron la respuesta que debía darse, la cual inmediatamente fué redactada por Samper. En seguida la consideró el general Palacio, mandándole hacer la intercalación de tres palabras para expresar la hora en que se había recibido la intimación, la hizo poner en limpio y copiar, la firmó silenciosamente, y mandó que la llevasen al campamento enemigo”.

 

En cuanto á la respuesta del general Palacio, se consideró: 1.º que debía mirarse con desprecio el insulto dirigido al General en Jefe, por cuanto Cartagena entera sabía que su General no la había abandonado, sino que su expedición á Barú había tenido malas resultas; 2.° que no debían discutirse siquiera las baladronadas de Gaitán sobre las fuerzas con que contaba para tomar la Plaza ; y 3.° que, al contrario convenía ofrecerle, con la seguridad de cumplirlo, el envío á su campamento, de todos los copartidarios, presos ó libres, que tenía en Cartagena.

En consecuencia, se le dió la siguiente respuesta:

"Estados Unidos de Colombia. -Estado Soberano de Bolívar. -Número 435. - Cartagena, 24 de Abril de 1885. -El General, Jefe de Estado Mayor de la Columna de Operaciones en los Estados del Atlántico.

"Señor Jefe de las fuerzas sitiadoras. -La Popa.

"Acabo de recibir, á las 2 1/2 p. m., vuestro oficio de esta fecha, número 250, en el cual me hacéis presente la conveniencia de evitar mayor derramamiento de sangre colombiana; me exponéis vuestro modo de pensar sobre las circunstancias actuales, que suponéis ventajosas para vuestra causa y desventajosas para la del Gobierno constitucional, y concluís señalando un término fatal, hasta las 6 de esta tarde, para daros una respuesta franca y categórica.

- "Sin entrar en consideraciones que serían inoficiosas, os haré observar que vuestra Nota carece de franqueza, puesto que en ella no formuláis claramente ninguna proposición; y en rigor, no sé á qué debo contestar. Pero como del último párrafo de vuestro Oficio se desprende cierta idea de rendición de esta Plaza (lo que está muy lejos de ser, para hombres de honor y convicciones, negociación de paz), debo declararos que, si lo que pretendéis es una capitulación, es inútil discutir este punto. No hay en este Ejército persona alguna que piense en estipular semejante ignominia, y yo, como Jefe accidental de él, por ningún motivo convendría en aceptarla.

 "Pero como puede convenir á la seguridad de vuestros copartidarios presos en esta Plaza, y de sus familias, el evitar los peligros del sitio y de un ataque formal, os propongo consintáis en que se os envíen, dentro del término de veinticuatro horas después de vuestro aviso, por medio de un vapor que les desembarque en algún punto oriental de la bahía.

 "Deseo, como el que más, que se evite el derramamiento de sangre; pero tengo también deberes de lealtad y honor á que no puedo faltar.

"Soy vuestro atento servidor,

FRANCISCO J. PALACIO."

 

“Por informes de un Oficial del "Alliance," que fué á tierra y tuvo una entrevista con el general Palacio (Jefe que tenía la ventaja de hablar muy correctamente el inglés, que también conoce y habla el general Santo Domingo), se obtuvieron las siguientes noticias importantes: El 23 habrían llegado á Panamá 800 hombres, primera Columna de las que enviaba el Presidente del Cauca á ocupar el Istmo, con lo cual habría cesado su ocupación transitoria por las tropas americanas: el Almirante Jouett había notificado al Jefe rebelde (Aizpuru) que no reconocía ninguna autoridad que no fuese la legítima, siendo de esperar, por tanto, que los rebeldes se rendirían sin combatir; y en fin, se confirmaba, por Buena-Ventura, la seguridad de que los seis Estados del Cauca y el Interior estaban en paz completa”.

 

XVI-Preludios de la Batalla:

“El mes de Mayo comenzó para los sitiados teniendo éstos la convicción de que serían reciamente atacados de un momento á otro. Todos estaban resueltos á oponer una resistencia heroica, y creían que la Plaza no sería tomada por asalto; pero cada cual pensaba en los peligros que se iban á correr, y todos se preocupaban seriamente con dos cosas: la suerte que cabría á las familias en los momentos solemnes de una gran batalla; y el riesgo que había de sufrir traidores ataques en lo interior de la ciudad, sabido como era que allí los radicales tramaban hostilidades en combinación con los rebeldes”.

 

“Nada se había logrado en lo tocante á la compra de un vapor, en Jamaica, para armarlo en guerra; estaban en Panamá, desde el 28 de Abril, cerca de 1,000 hombres del Cauca, al mando del general don Rafael Reyes, y éste y el general don Miguel Montoya (con el carácter de Jefe civil y militar del Estado) habrían restablecido completamente el orden, si, como se esperaba, el general Aizpuru se sometía sin combatir”.

 

“Desde la mañana del 7 se dió aviso al general Palacio de los informes que se tenían respecto de los propósitos del enemigo; y por todas partes, en la Plaza, se decía: "Esta noche nos atacan." Parecía que vagaba en la atmósfera de las calles algo como un efluvio infernal; como un fluído que se comunicaba á todas las almas y las preparaba á las angustias del peligro y los horrores del combate.

Pero el general Palacio, pronto á cumplir gallardamente con su deber,-como que había trasladado su cuartel general á San-Javier, donde necesariamente el combate había de ser muy recio y decisivo ;-el General, decimos, no creía en el ataque de aquella noche. Lo aguardaba para algunos días después, bien que estaba listo para rechazarlo.

Con todo, tánto acudímos muchos para manifestar al General el sentimiento común, y tánto se desconfiaba de los adversarios interiores, que él tomó una excelente precaución, talvez salvadora, ó que conjuró todo peligro originario de la Plaza. Mandó á intimar á los principales corifeos del radicalismo, haciéndoles decir: "que se habían recibido numerosas denuncias de una trama infernal, urdida en la ciudad; que ésta sería recorrida por patrullas durante la noche, y que se trataría como á enemigos á los radicales que anduviesen por las calles, ó se reuniesen en lugares sospechosos, haciéndoseles fuego sin contemplación alguna.

La intimación produjo su efecto, y así falló el plan de los enemigos, en cuanto contaban con la ayuda de sus parciales en el interior do la Plaza”.

 

XVII-La Batalla general:

“Eran las 9 y 40 minutos de la noche, cuando estallaron muchos tiros de rifle en las ruínas del antiguo cuartel de Artillería,…

Informóse de lo ocurrido al general Palacio, y él envió al punto al Teniente-Coronel Rodríguez, con 20 hombres del Batallón 8.° de Línea, para que se cerciorase de la verdad, y, si el informe era exacto, apresase á los invasores.

… comenzó la tremenda batalla, entre las espesas sombras de la noche”.

La escena fué espantosa. Los sitiadores, con terrible valor, atrincherados unos tras de las rocas, muchos al descubierto, hacían un fuego de los demonios, cual si olas del mar, volviéndose ondas de ardiente plomo, se alzasen contra las murallas; en tanto que, de más lejos, llovían balas de cañón y rifle sobre la Plaza, arrojadas por la batería de Boca-Grande y por los cuatro buques que maniobraban en la rada.

“…Más de tres horas hacía que duraba la batalla, cuando se advirtíó que los vapores se retiraban maltrechos y en derrota, así como la gente que por tierra atacaba al Pastelillo; que los barcos de la rada se alejaban, poniéndose fuera de tiro de cañón; y que los combatientes de las playas (seguramente los más valientes de todos los enemigos) suspendían los fuegos y se ocultaban tras de las rocas de la ribera, ó huían hacia el Limbo. Poco á poco fueron cesando las detonaciones, y á eso de la 11/4 de la mañana del 8 se suspendió la batalla...”

“…La primera gran victoria estaba alcanzada! Y con todo, nadie en la Plaza creía que el peligro había cesado. Por el contrario, todos aguardábamos un nuevo ataque, general y más terrible que el primero. Se hacían comentarios sobre lo ocurrido, se tomaban precauciones, y en todos los baluartes renovábamos la provisión de municiones.

…Ello fué que si el primer combate había sido un infierno, el segundo venía á ser el conjunto de todos los infiernos posibles. . . .Simultáneamente estallaron todos los fuegos de artillería y fusilería del Cerro, del Cementerio y Manga, y de Santa-Rita, por un lado; los de los tres vapores de la bahía, que volvieron á la carga contra el Pastelillo; los de la península de Boca-Grande, sostenidos como antes; los de los cuatro buques de la rada, y de la gente que había permanecido oculta en la ribera del mar; y los de una Columna de 600 hombres que, habiéndose apoderado de las casas, los cocales y el muro de defensa del Cabrero, atacaba furiosamente á los baluartes de Santa-Catalina y la Tenaza, pretendiendo asaltar el segundo, ó pasar por el pié para escalar las murallas de Santa-Clara y el Boquetillo!....

… Por nuestra parte diremos, en justicia, que, si hubo heroica resistencia de parte de los sitiados, mayor fué la audacia de los sitiadores, empeñados con increíble soberbia, en asaltar una plaza tan poderosa como la de Cartagena, defendida por cosa de 1,100 hombres, con 15 ó 16 piezas de artillería y una ametralladora. Verdad es que, si los sitiadores procedían con audacia suma, en caso de derrota ó desgracia la suerte de los bandos contrarios hubiera sido muy distinta. Vencidos los sitiadores, podían retirarse con la seguridad de no ser perseguidos, porque los sitiados, teniendo todas sus puertas muy blindadas, no podían salir al pronto de la Plaza. Al contrario, vencidos los sitiados, habrían quedado á merced de los sitiadores, y la matanza hubiera sido espantosa, sin escapatoria ó salvación para nadie...

…El sol del 8 de Mayo (aniversario del comienzo de la revolución de 1860, y de la expedición en Rio-Negro de la funesta Constitución radical de 1863) alumbró la victoria de los defensores de la Regeneración; y al toque de las dianas en todos los baluartes, mil y mil brazos se estrecharon, y Cartagena elevó á Dios el himno inefable del agradecimiento, sintiéndose otra vez libre de peligros, y añadiendo una gran página á la historia de su invencible heroísmo”.

 

XVIII-Episodios de la Batalla:

“No puede decirse quién había cumplido mejor con su deber, bien que hubiese sido brillante la conducta de los tres Jefes superiores (los generales Palacio, Ortega y Rodríguez), y notabilísimas las proezas de Manjarrés, Rodríguez, Escobar, Corredor, Castañeda, Polanco y otros Jefes. Todos habían cumplido con su deber, dejando bien puesto el honor de la bandera y de Cartagena.

… Á eso de las 8 a. m., el que esto escribe se alejó del Boquetillo para ir á dar cuenta al general Palacio de lo ocurrido en aquel baluarte”.

…Después de abrazarse el que esto escribe con el general Palacio y otros amigos, felicitándoles por la victoria alcanzada, dijo: sencillamente: "Mi general, en mi baluarte sólo he tenido un herido (el soldado don Antonio Araújo) y un contuso; el hijo del Presidente de la República ha combatido valientemente, como simple soldado; yo he cumplido simplemente con mi deber, y creo que todos mis compañeros se han portado mejor que yo."          

Otro estrecho abrazo del General fué la mejor contestación.

 

Muchos días antes de la batalla, enfermó gravemente don Ricardo Núñez, y no pudo servir más en la "Compañía Cívica." Á poco su sobrino, el joven Rafael Núñez G., le dijo á su digna abuelita, doña Dolores, anciana inteligente, venerable y de una entereza de matrona antigua:

"La sangre de mi padre debe estar representada en la defensa de Cartagena; puesto que mi tío no puede ahora servir, iré yo á la muralla."

"El general Gaitán dejó entender que sería de miedo que el general Cabeza se oponía al asalto; lo que dió motivo para que éste dijese: -'Me haré matar al pié de las murallas, porque jamás he conocido el miedo; pero yo querría que Gaitán bajase á pelear algo, en vez de estarse allá en La- Popa, donde ni siquiera se oyen silbar las balas."….

Si no hubo verdad en el dicho de los prisioneros, es lo cierto que el desgraciado Cabeza sucumbió al pié de la muralla, y que Gaitán vió la batalla desde lo alto de La-Popa, sin correr el menor riesgo….

También perdió la Guarnición un prisionero: un Ayudante del general Palacio, que bajó á la playa á recibir prisioneros á los que se rendían, y traidoramente fué apresado; lo que obligó á tomar muchas precauciones con los demás que gritaban: "Nos rendimos!"

 

“Durante la batalla se varó en la rada de Santo- Domingo la barca "Colombia," que los sitiadores habían llevado á remolque, y los remolcadores hacían esfuerzos para salvarla, con tánto más empeño, cuanto la comandaba el Capitán Ecker, de triste memoria, y había sido apresada á los del Ejército sitiados. Quedaba en San-Javier un solo tiro de cañón, yá en la pieza, y el general Palacio lo reservaba para asestárselo al remolcador que se acercase á remolcar la "Colombia"….

Pero se advirtió que la barca se movía, desvarándose por sé sola, y el General dijo: "Apunten á la barca, y fuego á ella!" Así se hizo, y la bala (de á 24) rompió la obra muerta de la "Colombia," y mató á 3 hombres, llevándole medio cuerpo á uno de ellos….

 Este despedazado fué el Capitán Ecker....”

 

XIX-Conclusión del Sitio:

“La victoria imponía á los sitiados un deber y una responsabilidad: tratar con humanidad á los prisioneros, inhumar todos los cadáveres, y recoger á los que se hallasen en desgracia, de una parte; y de otra, cuidar lo mejor posible de los heridos, ora fuesen propios ó de los enemigos”.

“…Á eso de las 6 de la mañana súpose que acababa de llegar un posta, del interior del Estado, portador de pliegos del general Santo Domingo. El valeroso, patriota y digno Jefe avisaba desde Sincelejo, con fecha del 2, que, después de haberse visto obligado á desembarcar en la costa de sotavento, dejando en un puerto la "Colombia," y á internarse en las Sabanas, había caído rápidamente sobre el lugar llamado La-Purísima, donde se hallaba el señor Rafael Mendoza (también improvisado general) á la cabeza de 187 rebeldes; que con 35 hombres, que componían toda su fuerza, había batido y hecho prisionero á Mendoza, matándole 24 hombres, hiriéndole 36, y tomándole 72 prisioneros, así como casi todos sus elementos guerra. El General excitaba al general Palacio á que resistiera á todo trance á los sitiadores, seguro de que la Plaza sería socorrida por el Ejército que venía del Interior.

Á medio día fondearon en la bahía los buques de  guerra americanos "Tennessee" y "Alliance," y el inglés "Lily," los dos primeros procedentes de Colón, y del Norte el tercero. El "Tennessee" llevaba al Almirante Jouett, y éste había tenido la condescendencia de permitir que con él fuesen á la bahía los señores general don Rafael Reyes, Comandante en Jefe de las tropas caucanas conducidas á Panamá, doctor don Joaquín F. Vélez (eminente colombiano, que había dejado su puesto diplomático en Roma por venir á correr la suerte de su amada Cartagena), Coronel don José Antonio Díez, gallardo patriota panameño, y don Nicolás Tanco Armero, conocido como negociante y escritor aventajado”.

 

“Cuando todos los amigos de la buena causa celebraban en la ciudad aquellas noticias, tuvieron á la vista el mejor espectáculo complementario. Cinco buques enemigos, que durante el día se habían estado moviendo hacia Boca-Chica, desfilaron por la rada, enfrente de la ciudad, en dirección hacia Barranquilla, llevándose á bordo los restos del ejército sitiador derrotado, con gran número de heridos y mucha parte de sus pertrechos. En aquel silencioso desfile, que tenía la lúgubre melancolía de todas las derrotas, iban los remolcadores "Padilla" y "Nariño," el vapor "Medellín" (ú "Once de Febrero ") con la "Colombia" á remolque, y la draga "Cristóbal Colón"; y después siguió como de convoy el "Alliance," enviado por el Almirante Jouett con el fin de traer unos comisionados de paz que Gaitán le prometió enviar para entrar en negociaciones que pusiesen término á la guerra civil”.

 

“Así el 13 de Mayo concluía el sitio de Cartagena, á los 71 días de su comienzo efectivo; dejando este hecho, funestísimo y de inmoralidad singular, terribles enseñanzas para la historia de la democracia colombiana...”

 

“Desde el momento en que saludámos en Cartagena al general Rafael Reyes, viéndolo por vez primera, comprendimos que aquel sujeto tenía la talla completa del caballero, del hombre de grandes negocios y de Estado, y del militar de primer orden; y cuando con él conversámos detenidamente, nos pareció que, si habiendo nacido en Boyacá, heredó en su tierra la tradición de los grandes caracteres que acompañaron al LIBERTADOR en su inmortal campaña de 1819, formado después en las luchas del trabajo-ya viajando, ya abriendo nuevas rutas al comercio en el Caquetá y el Amazonas,-había venido á ser una admirable personalidad típica del Cauca, donde acababa de ganar rápidamente, en denodada lucha, sus charreteras de General.

 

Tiene el general Reyes las maneras de una dama y la dulzura de trato de un caballero caucano, y con su fisonomía, su actitud y su lenguaje llano y franco, se gana las simpatías desde el primer momento. Pero si se trata de obrar con energía y firmeza, es incontrastable, y su valor no ceja ante ningún peligro. Sirve para todo lo bueno, desde lo muy pequeño hasta lo muy grande, y es fecundo en recursos para todo. Colombia tiene en él un servidor excelente; y como en su espíritu se combinan con lógica y claridad las sanas ideas liberales y conservadoras, esencialmente prácticas, su persona es una encarnación de esta política de profunda regeneración nacional que el ilustre Doctor Núñez ha sabido concebir con suma perspicacia y alto patriotismo, y ha ido adelantando con una habilidad que será singularmente señalada en la historia!.

 

No escribimos para hacer gala de nuestros personales servicios, que bien modestos fueron. Por tanto, omitiremos narrar los incidentes y peligros de una expedición que hicimos á Mahates, del 15 al 19 de Mayo, á bordo del "Lebrija," junto con el Coronel Díez y el Teniente-Coronel Polanco y 34 hombres de tropa. Llevávamos la comisión, dada por los generales Palacio y Reyes, de irnos á comunicar con los generales Mateus, Briceño y Piñeros, y de facilitar á su Ejército el paso á través del Dique para llegar sin dificultad á Cartagena”.

 

“Vivísimo placer causó la llegada del general Santo Domingo, en la noche del 24, á bordo del "Lebrija," vapor que le trajo del pequeño puerto de Tigua, situado á sotavento. Por mucho que todos estimásemos los méritos y los grandes servicios de los generales Palacio, Rodríguez y Ortega, reconocíamos con sumo aprecio la importancia capital de lo que había hecho el general Santo Domingo. Él había sacrificado la alta posición que tenía en Panamá, volando á salvar en Cartagena la causa de la legitimidad y el honor de esa "ciudad heroica"; había arrojado en la balanza de la lucha el peso de su nombre prestigioso, de su inteligencia, su valor y buenas aptitudes; había organizado la defensa de la Plaza y la bahía, é inspirado confianza á todos; y si, por vicisitudes imprevistas, le faltó el honor de la victoria definitiva sobre los sitiadores, había realzado su gloria con el brillo del combate de La-Purísima admirable en su escala”.

 

“Si el tremendo sitio de Cartagena había concluído, y comenzaba una campaña que debía de ser desastrosa para la República, aquel acontecimiento dejaba á todo el país grandes enseñanzas….”

 

“…Se dejaba probado, con la notoriedad, que los cuerpos de la Guardia Colombiana sabían combatir con lealtad y cumplir con su deber, cuando no eran guiados por Jefes ambiciosos y traidores, sino por militares caballeros como Santo Domingo, Palacio, los Rodríguez, Ortega y demás Jefes fieles que les comandaban en Cartagena. Y quedaba evidenciado ante la Historia, que la Rebelión-fruto del despecho, del interés personal y de ambiciones desenfrenadas,-ni tenía el valor y la habilidad que de ordinario alcanzan la victoria, ni sabía tener virtud y nobleza en la derrota !....

De otra parte, él Sitio ponía de manifiesto que no se había perdido en Colombia la tradición de los grandes caracteres; que donde quiera que había convicciones, y principios y conciencia, había virtudes; que la noción del deber, más alta que todo, era la más propia para levantar las almas hasta las luminosas alturas de la abnegación y del sacrificio; y que bastaba llamar á la conciliación á los hombres de buena voluntad, para que, uniéndose todos bajo un sola bandera, y luchando con resolución, hiciesen ver á Colombia, y aun á la América entera, que la Libertad no es grande, y bella y fecunda, sino cuando la acompaña la Justicia!

Pero completemos el cuadro dramático del Sitio con la pincelada más justa y necesaria.

Si fué patriótica, y varoníl y gloriosa la conducta de los defensores armados de Cartagena, y de los ciudadanos que sirvieron eficazmente con sus recursos y cooperación civil, fué sublime el comportamiento de aquella población que, desarmada en su gran masa, supo mostrarse tranquila y silenciosamente heroica.

Nadie, con excepción de los secuaces del radicalismo, pensó allí, ni por un instante, en proponer ni aceptar la idea de que la Plaza se rindiese. Ancianos y mujeres, y gente pobre y desvalida, todos soportaron con entereza las más amargas privaciones, por mucho que la miseria y el hambre se aposentasen con sombrío aspecto en numerosos hogares!

Ah! la población de Cartagena comprende todo lo que vale la gloriosa herencia recibida de los patricios de 1811 y 1815!  Ella ama la Patria, religión del ciudadano, como ama á Dios, Padre y Providencia del Hombre! Ella conserva el culto de las grandes virtudes civiles, y comprende que, cuando un pueblo ha recibido de sus progenitores un depósito de gloria y honra, hay que mantenerlo intacto, aunque para ello sea menester hundirse en un abismo de sacrificios, envuelto ese pueblo entero, al sucumbir, en la inmortal bandera del deber!....”

 

EPILOGO:

 

El 1.º de Junio del presente año nos embarcábamos á bordo del vapor "Don," de la "Mala Real," anclado en la rada de Santo-Domingo.  Creíamos haber cumplido con nuestro deber en Cartagena, y otros deberes nos llamaban imperiosamente á Panamá, al territorio del Cauca y á Bogotá.

 

Bogotá, Agosto 15 de 1885. FIN.

 

Caro les cuesta la lección los rebeldes, que quizá creyeron entrar en la plaza á tambor batiente y banderas desplegadas.

 

Cartagena ha cumplido con su deber; ha salvado la causa de la legitimidad, que se habría visto en grandes apuros si los rebeldes se hubieran apoderado de la plaza y se hubieran fortificado en ella.

 

Este es el sexto sitio que ha sufrido Cartagena en el presente siglo; y en ninguno de ellos el enemigo ha entrado por la fuerza.. En ninguno de ellos los sitiadores han intentado un ataque tan violento como el del 7.

(Cartagena, Mayo de 1885).

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